El rapto de las sabinas

Rapto de las sabinas

En una ocasión os hablamos del origen de Roma según su mitología a manos de los hermanos Rómulo y Remo. El siguiente capítulo de esta mitológica historia está relacionado con los pasos que siguió Rómulo, tras matar a su hermano, para formar la ciudad.

Esta ciudad recién creada necesitaba ciudadanos. Por este motivo, Rómulo, comenzó a aceptar a todo tipo de prófugos, refugiados y desarraigados en general de las ciudades colindantes y la gran mayoría latinos. El problema es que la colonia que había formado estaba integrada exclusivamente por hombres, algo que sin duda alguna representaba un problema a la hora de perpetuar la especie.

Rómulo pasó largas jornadas dándole vueltas al mismo problema ¿De dónde sacar jóvenes para sus hombres? Al final, puso sus ojos en las hermosas hijas de los sabinos, un pueblo que residía no muy lejos de su ciudad, en la colina del Quirinal. Evidentemente fijarse en ellas no era suficiente, esas doncellas estaban custodiadas por los lazos familiares, así que no sería sencillo sacarlas de allí.

Rómulo y su gente decidieron preparar así una gran fiesta en honor a Neptuno. Un banquete con diversión incluida, carreras de carros, bebida y comida hasta reventar y un plan bien entramado. Cuando los sabinos estuvieran embriagados por el vino, ellos mismos se encargarían de raptar a sus hijas.

Evidentemente las sabinas opusieron resistencia, algo que sin duda alguna sería un problema. Al final, decidieron acceder con una única condición. Ellas estarían en casa, tejiendo, pero no harían ninguna otra tarea doméstica. El resto de estas incómodas tareas las realizarían los sirvientes y ellas mismas gobernarían la casa. Finalmente, los hombres de Rómulo accedieron.

Cuando los sabinos fueron conscientes de la traición, ya era muy tarde. Enojados y sin mujeres tenían claro que debían vengar el honor de sus hijas. Encontraron una mujer de la ciudad de Rómulo que les propuso un trato, ella les prometió entrar en la ciudad y acorralarlos en el Capitolio sólo a cambio de unos brazaletes.

Aceptaron el trato, no obstante, castigaron su traición aplastándola con sus escudos hasta la muerte. El lugar en el que Tarpeya murió, la mujer que traicionó a Roma, pasó a conocerse a partir de ese momento como la Roca de Tarpeya, y fue usada en ocasiones para lanzar a los convictos por sus crímenes.

La muerte de Tarpeya solo era el comienzo, la batalla estaba cerca y ambos bandos se disponían a arremeter con fuerza contra su adversario.

De repente, las sabinas se interpusieron entre sabinos y latinos. El gesto era de suplica, intentaban aportar cordura ante esta guerra. Se abrazaban a sus maridos y familiares suplicando que terminaran esta pelea alegando que si ganaban los latinos perdían a padres y hermanos, pero que si ganaban los romanos perderían a maridos.

Las súplicas fueron comprendidas por ambos bandos, así pues firmaron la paz sin derramar sangre.

La leyenda intentaría ilustrar como el pueblo romano encontró su origen en la unión entre los pueblos latinos y sabinos, a los que poco después se les unirían los etruscos.

Más historias sobre Roma:

Foto vía:

Imprimir

Etiquetas:

Categorias: Historia de Roma



También te interesará...

Deja tu comentario