La Iglesia de San Gregorio Magno

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Y nos toca hablar nuevamente de una iglesia, otra de las tantas con las que podemos toparnos en la capital italiana. Lo hemos dicho ya, uno puede hacer muchos paseos por Roma y uno de ellos es saltar de iglesia católica en iglesia católica.

En este caso se trata de la Iglesia de San Gregorio Magno. Si no estáis duchos en en santoral os cuento que San Gregorio fue el primer monje en llegar a ser Papa. Nació en Roma en el año 540, en una familia rica que se había convertido hacía mucho tiempo al cristianismo. De hecho, uno de sus bisabuelos y una abuelo habían sido papas y aunque primero se dedicó a la política pronto se dio cuenta que lo suyo era ser monje.

Con dinero propio y muerto su padre convirtió la residencia familiar en el Monte Celio es un monasterio dedicado a San Andrés, el primero de muchos. En ese mismo terreno es que se alza hoy la Iglesia de San Gregorio Magno. Bien, que Gregorio se convirtió en Papa en el año 590 y lo fue hasta el 604 en una época nada fácil para Roma, con el antiguo esplendor romano muy venido a menos, hambrunas y asedios.

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Hoy se lo recuerda en esa iglesia que funda en el año 575 el mismo Gregorio (antes de ser elegido papa, por supuesto). Recordemos que aquí mismo había fundado él un monasterio y en el época medieval es que la iglesia es renovada y restaurada por completo siguiendo una estética barroca y el modelo de la Iglesia de San Ignacio, a escala más reducida.

La Iglesia de San Gregorio Magno se alza sobre una de las colinas más bonitas de Roma, aunque también una de las menos visitadas, la Colina Celio. Uno tiene que subir algunos peldaños para ingresar en la iglesia y cruzando la fachada no se accede al interior sino a un claustro dentro del cual, en un lateral, está la puerta pequeña y discreta que conduce a la iglesia.

Dentro, podemos ver tres capillas, San Andrés, Santa Silvia y Santa Bárbara y un oratorio.

Fotos vía: Trivago

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