150º aniversario de la unificación italiana

Reunificación italiana

Como algunos lectores ya saben, mañana, día 2 de junio, Italia conmemora su fiesta nacional. O lo que es lo mismo: el aniversario de su nacimiento, concretado en la reunificación de los territorios itálicos. En cualquier caso, en el 2011 esta fecha será aún más señalada, dado que se cumplen 150 años de este hito histórico, acaecido en 1861.

Ahora bien, ¿cómo se inició y desarrolló este trascendental episodio?

Es evidente que no fue un proceso sencillo: a mediados del siglo XIX, el creciente auge de las monarquías autoritarias en Europa, unido a la permanente fragmentación de Italia en pequeños estados, despertó en el pueblo italiano la voluntad de emprender un proceso de unificación.

Gracias a esta idea, comenzaría a anidar en el ánimo de la población el deseo de poner fin a la ocupación extranjera, una constante en la península Itálica desde la época medieval. En este sentido, las corrientes románticas, así como el florecimiento de un movimiento de carácter intrínsecamente separatista (el Risorgimento), sirvieron para sentarlas bases teóricas de la anhelada reorganización territorial.

Tras el fracaso de la república unitaria y democrática propugnada por Mazzini y los liberales durante la revolución de 1848, se intentó vertebrar el nuevo estado alrededor de la monarquía más fuerte de Italia: la dinastía de los Saboya. El rey Víctor Manuel II, partidario de las ideas liberales, contaba con el respaldo de uno de sus ministros, el conde de Cavour, quien acabaría convirtiéndose en uno de los principales artífices de la unidad italiana.

Por su parte, Napoleón III también se sumaría a la causa unionista contra Austria, cuyos ejércitos serían derrotados en Magenta y Solferino (1859). El tratado de Zúrich, surgido tras este capítulo, daría luz verde a la anexión de la región de Lombardía al Piamonte. Así, en 1861 se constituyó oficialmente el reino de Italia, cuya primera capital fue Turín.

En cualquier caso, y al margen de los aspectos políticos, también resultó providencial para el proceso de unificación el papel desempeñado por el militar Giuseppe Garibaldi. Éste expulsó del trono de Nápoles al último de los Borbones, Francisco II (1860). La gesta, sin embargo, culminó en 1870 con la anexión de Roma, mientras que la Iglesia fue desposeída de sus Estados. En adelante, y hasta la firma de los acuerdos de Letrán, los dominios del Papa se vieron reducidos a San Pedro del Vaticano.

Pese a todo, lo cierto es que el proceso de unificación no tardó en pasar factura: el Piamonte, el principal artífice de la gesta, quedó muy empobrecido. Además, Italia asumía así la misérrima situación de algunas de las regiones asimiladas, como la Toscana, los Estados Pontificios o las Dos Sicilias.

Finalmente, conviene recordar que la difícil tarea de la unificación efectiva de italia —así como su organización como estado moderno— correría a cargo del hijo de Víctor Manuel II: Humberto I.

En la imagen, grabado en el que aparecen Garibaldi y Víctor Manuel II.

Foto vía: Recursos Académicos

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Categorias: Historia de Roma



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