La Via Francigena, una ruta de peregrinación a Roma

Via Francigena

Tal y como ocurrió en el caso de España con el Camino de Santiago —redescubierto en la década de 1970—, Italia también contó durante la Edad Media con una concurrida ruta de peregrinación olvidada hasta hace tan sólo unos años: la Via Francigena, conocida indistintamente como camino de los francos.

Del mismo modo que acontecía con el trazado compostelano, el camino italiano se oculta bajo el asfalto de carreteras y autopistas que, con el tiempo, habían cubierto los principales arterias de la época romana y medieval.

De 1.700 km de recorrido, éste conducía desde Canterbury (Inglaterra) hasta la tumba de San Pedro, en la basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma. Atravesaba Francia —de ahí su denominación— y Suiza y penetraba en Italia, a grandes rasgos, por el paso del Gran San Bernardo.

A tenor de los escritos de Sigerico el Serio (950?-994), arzobispo de Canterbury que llevó a cabo el mencionado periplo por vez primera, la Via Francigena contaban con 79 etapas, y se recorría a pie a razón de unos 20 km diarios. Entre las poblaciones por las que ésta discurría, descuellan localidades como Arras, Reims, Châlons-sur-Marne, Bar-sur-Aube, Langres, Besançon y Pontarlier (en Francia); Lausanne y Saint-Maurice (en Suiza) y Aosta, Ivrea, Vercelli, Pavia, Orvieto, Lucca, Siena, San Quirico d’Orcia y Roma, ciudad a la que se accedía por la Via Triumphalis. Anteriormente, un importante tramo del trayecto reseguía el recorrido de la Via Cassia.

En la actualidad, el Ministerio de Cultura Italiana está realizando un gran esfuerzo para rescatar datos y documentación alusiva del que fue un importante foco de peregrinación durante el medievo.

Sea como fuere, lo cierto es que, en los últimos lustros, se registra un número creciente de viajeros que, ya sea por motivos religiosos o por el deseo de vivir una experiencia diferente, se han aventurado a echarse la mochila a la espalda y completar la Via Francigena.

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Categorias: Historia de Roma



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