Las Vírgenes Vestales: Historia y visita al templo

Virgenes vestales

En la Antigua Roma, se conocía como Vírgenes Vestales a un grupo de jóvenes sacerdotisas cuya principal misión consistía en mantener vivo el Fuego Sagrado de Vesta (al diosa de la virginidad), y para esta tarea eran seleccionadas ya desde niñas, siendo las predilectas aquellas que poseyeran una mayor belleza y distinción. Esta tradición nació en los primeros tiempos de Roma, cuando ésta aun era una monarquía, siendo su presencia anterior a la relatada en la tradición de Eneas, que cuenta que fue éste quien eligió a las primeras sacerdotisas. Está documentado que fueron los primeros reyes romanos quienes establecieron los castigos a imponer a la sacerdotisa que rompiera su voto de castidad, los cuales podían ser especialmente crueles.

La virginal e inmaculada diosa Vesta (Hestia para los griegos), era la deidad protectora del fuego del hogar, además de ser la mismísima representación de la fidelidad. Su culto fue adquiriendo importancia con el paso de los años, y la llama de su templo se convirtió en una metáfora del bienestar social de Roma. Se la representaba con la forma de una hermosa mujer, que portaba en sus manos un cuenco y una antorcha, y cuenta la leyenda que pese al cortejo del poderoso Neptuno y del bello Apolo, Vesta decidió mantener su virginidad. El fuego de Vesta simboliza en parte esta decisión, y en parte el fuego de la pasión del alma humana.

Admiradas, reverenciadas y respetadas por los ciudadanos romanos, las vírgenes de Vesta contaban con gran cantidad de privilegios en la sociedad, incluida la posibilidad de retirarse de la vida de sacerdocio y contraer matrimonio. Su presencia siempre era bien recibida en celebraciones, ceremonias y banquetes de alto postín, y su seguridad era considerada un asunto de estado, debido a esto siempre contaban con la escolta de los lictores cuando caminaban por las calles de la ciudad. Se las podía reconocer gracias a sus finas túnicas de color blanco, y a sus adornos en púrpura, además de la “vitta”, adorno femenino que las distinguía de las ciudadanas de Roma.

La organización dentro del sacerdocio comenzó con dos vírgenes, que con el tiempo fueron aumentando hasta que en sus último días contaba con siete sacerdotisas, todas bajo la supervisión de la Virgo Maxima, que hacía las veces de líder dentro de la orden. El método de elección de las sacerdotisas no siempre fue el mismo, mientras que en los tiempos de la monarquía eran los reyes quienes elegían a las candidatas, en la república esta tarea recaía sobre el Pontifex Maximus. Las condiciones básicas eran que la joven (de entre 6 y 10 años) debía tener una buena condición física y sus padres debían residir en Italia, aunque siempre existía la posibilidad de que las familias pudientes tuviesen “preferencia” en la elección.

El servicio de las vírgenes de Vestal duraba 30 años, de los cuales los diez primeros eran de discípula, siendo instruidas en las tareas y oficios del templo, así como en su significado. Los siguientes diez años se dedicaban a cumplir con las labores del templo, entre las cuales estaba la de cuidar del Fuego Sagrado de Vesta, una llama encendida en el altar de la diosa. La vestal que dejase apagar la llama debería pagar su descuido con la vida, aunque afortunadamente esto no fue frecuente en los mil años de su existencia. Los últimos diez años de servicio eran dedicados a educar e instruir a las nuevas discípulas de la orden.

Si lo deseaban, al cumplir los 30 años de servicio podían marcharse y vivir libremente o quedarse en el templo,y  en la mayoría de los casos elegían la segunda opción. Una curiosidad es que las vestales solían ser personas de confianza para los aristócratas de Roma, y en numerosas ocasiones les confiaban secretos o documentos importantes para que los custodiasen.

A lo largo de su historia, las sacerdotisas no rompieron sus votos de confidencialidad, pero si se dieron casos en que incumplían otras funciones, dando lugar a terribles castigos. Durante la época de Popilio se las condenaba a morir lapidadas, pero fue Tarquino quien lo llevó aun más al extremo. Su castigo consistía en enterrar viva a la sacerdotisa, quien tras haber vivido su propio funeral vestida con un sudario, era obligada a descender a una cripta donde se la sepultaba a la espera de que falleciese de hambre. Este macabro ritual era oficiado en el Forum Boarium de Roma, y en los mil años que duró la orden se castigó (de diferentes maneras) a 22 vestales por transgredir sus votos.

Tras perdurar por más de un milenio, la llama de Vesta se apagó finalmente durante la era cristiana de Roma, cuando Teodosio (en el año 391) terminó con los antiguos cultos en favor de la nueva religión. Durante este tiempo, algunas de ellas obtuvieron gran renombre, como es el caso de Rhea Silvia, la madre de Rómulo y Remo; de Tarpeia, que abrió las puertas de Roma a los sabinos, a cambio de riquezas, muriendo a manos de éstos al entrar en la ciudad o el caso de Occia, quien ejerció como Vestalis Maxima durante nada menos que 57 años.

El templo y palacio de las vestales era el Atirum Vestae, una impresionante construcción con 84 habitaciones, y situado junto a la residencia del Pontifex Maximus, en la parte Este del Foro Romano. En medio del palacio se encontraba el altar de Vesta, ocupando un espacio circular, aunque la estructura del templo se vio sujeta a modificaciones e incluso una reconstrucción completa tras un gran incendio. Una de las pocas cosas que aun permanece en pie son fragmentos de estatuas de las sacerdotisas circundando el templo.

Información práctica

  • Dirección: Via dei Fori Imperiali
  • Horarios: abierto al público todos los días entre las 9:00 y las 19:30 horas. En horario de invierno desde las 9:00 hasta las 16:30 horas.
  • Precios: la entrada es gratuita

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